Zipolite, puro amor y paz

Posted on 13 mayo, 2012

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Durante la semana santa, me fui a uno de mis lugares favoritos del mundo, pensándolo bien, creo que mi más favorito. Y estoy hablando de una playa escondida en las costas de Oaxaca, entre Puerto Escondido y Huatulco, que durante varias décadas era fue considerado como un destino hippie, ósea una playa a la que llegaban jóvenes intrépidos de México y del mundo entero, con el objetivo de relajarse en todos los sentidos y de disfrutar y excederse de todos los placeres de la vida.

He de confesar que estoy haciendo esta entrada con la sensación de que en algún momento me arrepentiré de haberlo hecho. Zipólite es lo más cercano al paraíso que para mi pudiera existir, el hecho de que no sea taaan turístico y que se atasque sólo en semana santa y navidad  lo vuelven más interesante, el resto del año se encuentra prácticamente vacío,  pareciera un pueblo oaxaqueño común y corriente de pescadores y artesanos. Diría mi muy querido Pepe Ares, quien es el autor de las fotos publicadas en esta entrada del blog, “me fascina la magia del lugar, esa sensacion de volver al pasado, de estar en un lugar donde el tiempo no ha transcurrido”.

En Zipolite la velocidad del tiempo es diferente. Todo es más lento, la gente vive mucho más tranquila, sin prisas, todo a su tiempo y a su ritmo. Cambiar el switch nos es difícil a los citadinos que estamos tan acostumbrados a andar todo el tiempo a las carreras de un lado a otro. Antes de las 10 de la mañana todo está cerrado y después de media noche también. Recuerdo la primera vez que llegué esto me desesperaban mucho los locales, más a la hora de comer, cuando había que esperar más de media hora  para conseguir una tlayuda (uno de los platillos típicos oaxaqueños), me era increíble ver que las señoras que atendían el changarro trabajara sin un orden, sin un proceso, con toda la calma del mundo, sin importarles que los clientes se desesperaran y se fueran, las señoras simple y sencillamente hacían lo que podían.

Definitivamente  lo que más me gusta de Zipolite  es que no es una playa para niños. El ambiente sigue siendo muy hippie, sigue habiendo mucha gente que le gusta asolearse desnuda. Todo el tiempo hay borrachos y enfiestados por todas partes. El común de los turistas son jóvenes, casi todos chilangos o extranjeros,  que en su mayoría van a acampar o a dormir en hamacas de  30 pesos. Cada noche de la semana santa  hay un rave que acaba hasta después del amanecer. Por lo tanto, es común que los jóvenes bajo una previa alteración de los sentidos se den la oportunidad de amanecerse bajo un impresionante firmamento de estrellas, sintiendo la arena fresca en los pies, escuchando las olas del mar y viendo cómo la luna llena  ilumina la noche hasta que llegue el alba, pintando el cielo de esas preciosas tonalidades de rojo, azul y naranja reflejadas en el precioso azul del mar.

Desde el punto de vista gay friendly Zipolite es una maravilla. Yo podría estar seguro que es tan gay como Puerto Vallarta, pero sin toda la pose, todo el wannabismo y un poco menos de drogas sintéticas. Aquí es un ambiente mucho. literalmente hablando, de mucha más comadrería, es mayor la fraternidad y la buenaondez que en cualquier otra playa mexicana que se puedan imaginar.

En Zipolite todos los gays terminamos interactuando de alguna u otra forma, más en la Playa del amor o en la playa que está  frente al hotel el Alquimista, del otro lado de las piedras. De este Hotel  no voy a hablar mucho porque corro el riesgo de que la próxima vez que vaya no encuentre habitación, lo cual podría ser catastrófico. Sólo les digo que la comida, los vinos, el ambiente, las vista al mar desde la alberca que acaban de construir, vuelven este lugar un paraíso.

En lo personal es la tercera vez que voy y siempre me ha encantado lo relajado que uno puede llegar a estar ahí, es inmensa cantidad de nuevos amigos que uno puede encontrar. Aquí uno puede con toda tranquilidad estar en los brazos del hombre, dándose muestras de afecto sin temor a la crítica o a las posibles agresiones. En otras palabras, en Zipolite uno no tiene que estar siendo discreto todo el tiempo por violar las buenas costumbres de la familia telerín que está en la sombrilla de al lado, puedes relajadamente tomarte una botella helada de vino espumoso, mientras observas acostado en los brazos de tu pareja como el cambia de colores al irse escondiendo el sol en el horizonte.

En Zipolite el clima, el mar, la comida, la fiesta, el ambiente, todo es increíble, pero lo mejor y que honestamente más me gustó son los precios de todo. En verdad es sorprendente lo estupidamente barato que salen las cosas. Razón de sobrepeso para que no dejen pasar la siguiente oportunidad que tengan para visitar este lugar que les aseguro jamás olvidarán.

Buena suerte y por favor pasen a comentar esta entrada y empiecen a visitar www.elsouvenir.com. En la siguiente publicación les doy más detalles. Los quiere:

El Cacho

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