De aventón a Reynosa

Posted on 21 julio, 2012

5



Hay quienes corremos con mucha suerte en aventuras estúpidas y altamente riesgosas, tal fue mi caso que en el 2006,  cuando yo tenía 20 años y tomé la decisión de correr una aventura inolvidable. Les platico la experiencia:

Estaba yo atravesando una crisis existencial cuando repentinamente me entró la ansiedad por querer cerrar varios círculos; hacer una introspección en torno hacia dónde dirigir mi vida y mandar a la chingada a un tipo que no me dejaba nada bueno.

De ahí que una mañana al despertar, no sé qué pasó por mi cabeza, pero decidí irme al lugar más lejano que tuviera a donde llegar. Revisé mi presupuesto y al ver que no me alcanzaba para el vuelo a Madrid (donde vive una tía), no tuve otra opción que irme de a ride a Reynosa donde vive  otro tío. No porque fuera un lugar que turisticamente me atrajera, sino porque era ahí donde vivía un tío que me podría hospedar dentro de su clínica un par de días en lo que pasaban mis traumas existenciales.

Recuerdo que aquella mañana me armé de valor; eché varias cosas a lo wey en una mochila que años atrás usaba para mis excursiones con los scouts; salí de mi casa sin decir a dónde iba; tomé un microbús a dos cuadras de mi casa (aclaro que para ese sí me alcanzaba), me bajé en la caseta de Tepotzotlán  y me puse a levantar el pulgar para ver si alguien me acercaba a lo que era mi destino final, ósea la preciosa, primermundista y cosmopolita Ciudad de Reynosa, Tamaulipas;

LLevaba yo una media hora como imbécil, ahí parado a en la autopista con el pulgar arriba; completamente ignorado por todo mundo y sintiéndome todavía más fracasado de lo que ya me sentía, cuando de repente me llegó en la cara uno de esos aires como los de la Rosa de Guadalupe y dentro de mis pensamientos apareció una ola de coraje y me dije a mi mismo: No Cacho!! no puedes regresar a casa derrotado a seguir siendo el mismo “hombre inmaduro de 20 años” que no sabe qué hacer con su vida, haz algo inmediatamente, tienes que alcanzar a tu meta!!!. Acuérdense que yo donde pongo el ojo pongo la bala.

Es entonces que cambié la dirección de mi vida y le di un giro de 270 grados. Es decir caminé como 300 metros en contraflujo de los carros y camiones alejándome de la caseta,  hasta donde había visto que había un bola de traileros como esperando algo o a alguien. Al llegar con ellos les platiqué que quería llegar a Reynosa, seguro que pensaron que quería llegar a EUA, porque uno de ellos me dijo que el Tren era más fácil.

Entre los traileros había uno de ellos, grandote, tatuado, barbón, torote, rapado, muy varonil que se ofreció amablemente a llevarme a Querétaro para que ahí volviera a pedir ride. Obviamente a los 5 minutos yo ya estaba trepado en su trailer rojo que recuerdo decía en toda la parte de enfrente decía “NAVARRO”. Qué mal que perdí  aquella foto del trailer me encantaría poder mostrársela.Ibamos a la altura de San Juan del Río cuando el trailero recibió una llamada; y al colgar el teléfono que voltea a verme y  me dice “te cagaste cabrón, ya no voy a Querétaro, me acaban de mover a Saltillo”. Lo primero que pasó por mi cabeza fue ya chingué!

México - Querétaro - Monterrey - Reynosa

México – Querétaro – Monterrey – Reynosa

Para no abrumarlos con el relato resultó que me aventé un viaje de muchas horas tratando de sacarle plática a un tipo que no se caracterizaba por ser tan expresivo y luchando contra el sueño que siempre me atosiga en los viajes en carretera. En uno de esos cabeceos el trailero me regañó y en un tono no muy agradable me dijo “ya pásate al camarote que me estas pegando el sueño”. Ahí me pasé dormido casi toda la segunda mitad del camino hasta que un poco antes de la media noche el trailero me despertó y me votó en una gasolinera en medio de la nada donde estaba la desviación a Saltillo. Yo sin saber qué hacer, pregunté en la gasolinera cómo llegar a la central de autobuses de Monterrey, los que despachaban se rieron de mi y me dijeron que a esa hora ya no había buses, por lo que la única forma  pagar un taxi que cobraba más de $300 pesos. Cabe mencionar que yo había salido de casa con la fabulosa cantidad de $680, por lo que en ese momento sentía que se me caían los calzones.

Estaba todo angustiado sin saber qué hacer sin dinero, en medio de la noche y en medio de la nada cuando de repente vi que a lo lejos se veían acercar las luces un autobús, no lo pensé mucho, crucé corriendo la carretera con mi mochila en los hombros, le hice la parada y afortunadamente se detuvo frente a mi, haciéndome sentir que la sangre me regresaba al cuerpo.

En el trayecto me enteré que para mi suerte ése era el último bus de la noche, quien sabe de dónde venía pero me dejó en la central de autobuses, donde dormí un par de horas mientras esperaba el próximo autobús a Reynosa que salía hasta las 5 de la mañana, obviamente en la central de autobuses, los mochileros sabemos que esto es pan de todos los días en este tipo de aventuras.

Por fin llegué a Reynosa, para entonces mis papás ya sabían que iba para allá, por lo me habían mandado por mensaje el cel de de mi tío el doctor. Fui corriendo al primero teléfono de monedas que encontré y le marque emocionadamente para notificarle que había ido a visitarle, a lo que él me respondió  algo así como “Pinche escuincle, me hubieras avisado, ahorita estoy en Ciudad Victoria”.

Sin duda alguna ése sí que ha sido uno de los peores momentos de mi vida. Recuerdo aquel inolvidable momento en el que sentí que se me cayeron los calzones, que me caía un balde de aguda fría, que me ponía verde, que me dio diarrea y hasta una diabetes infantil. En otras palabras, como chava de 17 años a la que la prueba de embarazo le acaba de salir positiva. Estaba yo ahí parado en la terminal de autobuses, con un teléfono de monedas en la oreja, escuchando el tu-tu-tu de que se había cortado la llamada por no haberle puesto crédito, con la mirada perdida en el vació y una cara de angustia, sin saber qué hacer, a dónde ir pensando que en cualquier momento aparecería el chapulín colorado en mi rescate. La verdad es que a lo largo de todo el viaje no se me había ocurrido la posibilidad de que mi tío no estuviera en casa y pues que creen, que justo eso pasó.

Salí de la central de autobuses todo preocupado, ya solo me quedaban como 100 pesos, ósea ni para el regreso a Monterrey, naturalmente no estaba dispuesto a hablarle a mis papás en busca de su auxilio, por lo que pregunté a la gente como llegar a la carretera que me condujera la capital regia. Tomé un autobús urbano que me llevó hasta la carretera a MTY y ahí me tenían otra vez, en una gasolinera levantando el pulgar en busca de ride de vuelta a casa. La diferencia es que esta vez estaba acompañado de un  chavo más o menos de mi edad a quien lo había dejado el transporte del trabajo por haber llegado tarde y ya no podía faltar porque lo habían amenazado con que lo iban a correr, así es que sólo de con el pulgar era como podíamos llegar a nuestros diferentes destinos.

El estar acompañado me hizo sentir muchos más seguro y más tranquilo. Llevábamos como 10 minutos sin que nadie nos quisiera subir, hasta que un clásico trailero norteño, chaparro y panzón se apiadó de nosotros. Mientras cargaba gasolina  le pedimos su ayuda y nos respondió “no pues yo no voy a Monterrey, nomás voy pa’ China” en seguida le contesté :¿y China esta cerca de Monterrey?”; “pues sí, sí esta más cerca”; “pues vámonos a conocer China!!”.

El trailero después de una hora me bajó en la Central de autobuses de China, Nuevo León, al otro chavo no lo volví a ver, se siguió con el trailero a un destino más cerca de su trabajo; apenitas y me alcanzó para mi boleto a la central de autobuses de Monterrey. Abordé el autobús y más o menos como al medio día ya estaba yo arribando por segunda ocasión a la Central de Autobuses de la tercera ciudad más importante del país, la moderna e industrializada Monterrey.

(to be continued)

Mapa de Monterrey a Reynosa,

Anuncios