Road Trip DF/NYC. Capítulo 9: Patinando sobre Manhattan…. I ♥ NY

Posted on 15 agosto, 2012

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Igual que en febrero de este año, nuevamente en NYC la pasé re que te bien. Es claro que tengo una gran fascinación por las metrópolis y cada minuto en esta enorme ciudad es toda una aventura.

Palabras más palabras menos, en cuanto llegué a Nueva York me separé del grupo. Teóricamente iba a tomar junto con Carolin un curso para poder ser juez de slalom, al cual llegamos más de una hora tarde, debido a una perdida que tuvimos al salir de New Jersey, donde fuimos a parar literalmente a mitad de un bosque en medio de la nada y casi somos arrestados por invasión a propiedad privada.

Después de haber estado por un par de horas en el curso de jueces de slalom, al darme cuenta que no le entendía a muchas cosas por mi inexperiencia en el Slalom, que tenía que pagar 70 USD y que además de todo tenía que aprobar un muy difícil examen que sólo dos de las casi 20 personas finalmente pasaron, decidí abortar la misión y no desperdiciar el tiempo en Nueva York. Así es que mientras Seba, el dios del slalom, explicaba las reglas de como calificar en una categoría llamada speed, me puse mis patines y me fui yo solo a dar la vuelta por las calles Brooklyn para disfrutar de un atardecer en este legendario lugar.

Al salir del lugar donde se impartía el curso me di cuenta que estaba en un barrio de judíos ortodoxos. No estoy seguro si esa es la forma correcta de nombrar a los judíos que mientras los hombres tienen caireles en las patillas, visten sólo de negro y blanco y usan sombrero, las mujeres usan de faldas largas y pelucas. Si me explico de cuáles estoy hablando o no?. Estúpidamente me acerqué a un par de ellos para preguntarles qué lugares de interés podría visitar en Brooklyn, a lo que me respondieron dándome la espalda e ignorándome. Más tarde me di cuenta que este tipo de gente no es capaz de mirarte a los ojos, no interactúan ni conviven con el resto de la sociedad y viven encerrados en su mundo. Lo que más me llamó la atención es que el barrio que habitaban se veía muy de clase media, quizá tengan en sus casas guardados los millones de dólares, pero era un escenario muy diferente al acostumbrado en la Cd. de México.

Dos cuadras después encontré sobre el pavimento una ruta pintada para ciclistas, como las que hay pintadas en todo Manhattan,  no dudé en tomarla y un par de cuadras más tarde estaba entrando a uno de los clásicos barrios de sólo gente de raza negra, eran edificios súper altos muy al estilo de Tlatelolco, con canchas de basket ball y mucha gente en las calles. Aquí no pasé mucho tiempo, sólo tomé un par de fotos y vámonos! la verdad es que aunado a que me cuesta mucho trabajo entender el inglés de la gente de raza negra, en el fondo me dan algo de miedo, no me generan mucha confianza al ver que tienden a ser un tanto agresivos, más cuando están reunidos en bandas.

Seguí mi camino y cuando menos me daba cuenta ya estaba subiendo por el puente de Brooklyn, para llegar al barrio Chino en la Isla de Manhattan. Qué bonito paseo. Este recorrido de casi 2 kilómetros, al igual que el que pasa por debajo del puente de Manhattan  está lleno de bicicletas y gente haciendo ejercicio. Yo me lo aventé en patines y creo que ese es de los recuerdos más gratos de este viaje; me encantó ver cómo el sol cae sobre uno de los skyline que mejor representan la ciudad de Nueva York, reflejándose sobre las aguas del East River.

Al terminar el recorrido regresé a donde estaba terminando el curso y encontré a Seba actualizándole a Caro la información que se perdió por el retraso, a Batiz socializando con no me acuerdo quién y a Cosmo para variar bien dormido sobre un sillón. Cenamos juntos y más tarde después de una reunión de Couchsurfers nos despedimos para que cada quien buscara hospedaje donde pudiera.

Jow y yo nos quedamos  en Queens, en el departamento de unamigo de Jow de nombre Ryan a quien conocí en la reunión de los couchsurfers. Era un nutriólogo adicto a los tacos, súper espléndido, que me cayó muy bien por su carácter alegre y por sus ganas de fiesta.

Al día siguiente después de haber desayunado con Ryan en un restaurante filipino cerca de su casa, me puse como desesperado a buscar hospedaje y para mi muy buena suerte encontré súper rápido mediante couchsurfing.com en el corazón de Manhattan, a dos cuadras de Time Square, con los señores que comenté en la publicación anterior y con los otros dos huespedes que estaban conmigo: Scott un chavo guapisimo, muy bien educado de 22 años el noroeste de Estados Unidos; y Matthias, un francés con muy buen español de 24 años.

De verdad que los señores me trataron re bien! El único inconveniente de quedarse con ellos era que las puertas se cerraban a la media noche. Imagínense que horror tenerse que acostar como la cenicienta un viernes en NYC a las 12:00 pm- Yo casi me volví loco la primera noche, ahí nos tenían a mi y a Scott corriendo después de una fiesta por el metro los andenes del metro para no llegar tarde. Pero pues mi tuve que resignar, al hacer mi relación costo beneficio y viendo que en el fondo no tenía de otra, pues me aguanté, era imposible que encontrará un lugar tan cómodo, tan bien ubicado, con comida deliciosa y todos los servicios incluidos sin pagar un solo peso… ni modo así es couchsurfing!

En esta ocasión no gasté tanto tiempo en museos y espectáculos como la vez anterior pero pude conocer otro lugares mágicos y vivir experiencias inolvidables patinado por los caminos y puentes de la isla de Manhattan. Por mencionar algunos de  los lugares que acabo de conocer  fueron el barrio Chino, la pequeña Italia, el parque Washington, parte de Brooklyn, el edificio Chrysler, pero sin duda el haber patinado solo tanto y tanto sobre todas las calles, parques y puentes de Nueva York volvieron esta viaje invaluable. Una experiencia que cualquier roller debe vivir en algún momento de la vida, la isla de Manhattan sin duda es un excelente lugar para patinar. 

No tengo mucho tiempo para continuar escribiendo del viaje, porque en verdad fueron muchas las aventuras. En la siguiente publicación hablaré de la competencia en la que participaron Caro, Batiz y  Cosmo, pero por ahora dejaré que las imágenes hablen por si solas de la inmensa diversidad que uno puede encontrar en la que hasta hoy es mi ciudad favorita.

Saludos a todos y no dejen de seguir esta aventura suscribiéndose al cachoblog.

Quedo en espera de sus comentarios:

El Cacho!

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