Un Taco llega a casa

Posted on 7 enero, 2013

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El pasado 26 de diciembre se incorporó alguien  a mi vida que le ha puesto mucho color a mi día a día. Y su nombre es “El Taco”

Todo comenzó cuando al Mochi se le ocurrió que ese día era bueno para ir a ver una exposición de nombre “El placer y el orden” en el Museo Nacional de Arte ubicado en el centro histórico, en sintesis: la muestra reúne una selección de más de 60 piezas que, a partir de  dos núcleos temáticos, representan la apropiación de estos dos conceptos en las esferas pública y privada a finales del siglo XIX.

Decidimos que podíamos ir caminando todo Reforma, después tomar la Avenida Juárez para aprovechar e ir a dar una vuelta por la recién remodelada Alameda Central que por cierto quedó lindísima y llegar al centro histórico donde se encuentra este lindo museo que también vale mucho la pena visitar.

Íbamos caminando sobre Reforma y unos metros después de cruzar Insurgentes, exactamente frente a un edificio que es de cristal pero como de cuadros rojos, espero sepan a cuál me refiero, sino luego les paso una foto, vimos que unos señores estaban espantando con aplausos y a la voz de “saquese” a un perrito que se les intentaba acercar.  El perrito no intentó hacerles más fiesta y siguio su rumbo sobre la lateral de Reforma con dirección al centro. En ese momento volteé con el Mochi y le dije, ese perro anda perdido y es de casa. Me di cuenta por su torpeza al cruzar las calles y al ver su intención de hacerle fiesta a cuanto transeúnte se topaba enfrente. Nosotros prácticamente íbamos siguiendo al perro que sin intención alguna llevaba la misma dirección que nosotros.

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El taco recién encontrado

El taco recién encontrado

Al momento vi cómo el mochi se empezó a acongojar por el pobre animal y empezó a exclamar frases tipo “Aaaay pobrecito, lo van a atropellar”, “De seguro tiene hambre”, “Hay que ayudar al perrito y buscarle casa”. Metros más adelante, vimos que el perro se detuvo en un puesto callejero de Tacos de suadero, pastor, cabeza, etc. y empezó a olerloen busca de comida. El mochi no lo pensó ni un momento y le compró un taco de suadero que empezó a darle la carne poco a poco. Acto seguido el perrito nos empezó a ladrar de alegría y nos empezó a seguir en nuestro andar. De ahí viene su nombre, practicamente que nos ganamos su confianza y fidelidad gracias a un taco de suadero.

Seguimos caminando rumbo al museo y el perro ya no se nos separó, iba ladrando sin parar. A todo esto no les he descrito al “Taco”, es un french puddle blanco muy chiquito y traía amarrado un pedazo de agujeta amarrado en el cuello; estaba completamente sucio, era evidente que había dormido varias noches bajo coches porque su pelo se encontraba lleno de aceite, pero eso sí, totalemente lleno de energía.

Cuando llegamos a la Alameda e intentamos cruzarla con el perro al lado nuestro, un policía se acercó y nos dijo preguntó que si el perro era nuestro, porque debíamos llevarlo con correa, o en el peor de los casos cargarlo, lo cual se me hace completamente razonable, de esta forma se evita que los perros se estén haciendo del baño por todas partes o se metan a destrozar las áreas verdes que están tan bonitas. Le dijimos al policía que no, que nos lo acabábamos de encontrar y nos estaba siguiendo, entonces nos dijo que si queríamos que se lo podía llevar la perrera que estaba a unas cuadras del lugar para que el perro ya no nos estuviera molestando. Honestamente el corazón se me hizo chiquito y le dijimos que entonces sí era nuestro, por lo que nos pidió que mantuviéramos el perro a nuestro lado y nos hiciéramos responsables de sus heces fecales

Al llegar al MUNAL nos encontramos con un par de amigos que nos habíamos quedado de ver. Idealmente primero íbamos a entrar el mochi y yo al museo, mientras los amigos cuidaban al perro, pero cuando el Taco vió que nos estábamos yendo, empezó a ladrar desenfrenadamente con muchísima angustia, por lo que yo ya no pude entrar a ver la exposición y me quedé a cuidarlo para que se tranquilizara. Al salir El Mochi empezamos nuestro camino de regreso a la casa y el taco no dejó de hacer ruido en todo el camino, en una de esas por estarnos ladrando el perro se estampó de bruces contra una caseta de teléfono, que hizo que los presentes soltáramos la carcajada.

Cuando llegamos al edificio pasó algo muy raro, el perro se negó completamente a entrar tanto al edificio, como al elevador y con más razón al departamento  y recámaras; lo mismo pasaba al salir; descubrimos que tenía mucho miedo de cruzar puertas, era incapaz de hacerlo. Pensamos que continuaba con un gran miedo al abandono o bien que su anterior dueño le pegaba cuando se salía  de casa. Días después el problema fue solucionado  poniéndole una correa, que le diera seguridad y confianza.

Para no hacerles el cuento largo, el Mochi se enamoró del Taco y esa misma noche decidió no buscarle casa, sino adoptarlo. Qué perro tan bien educado y qué suerte de haberlo encontrado. No se hace del baño adentro de la casa; casi no es escandoloso, sólo cuando hay que sacarlo a pasear; no molesta cuando uno está comiendo; sólo como croquetas; no destruye cosas. Sólo tiene una maña rara que es arrancarse los pelos de las patas traseras.

Después del baño

Después del baño

Dos días después lo llevamos con la veterinaria para que le pusieran todas las vacunas, lo desparasitaran y le dieran una revisión completa. La veterinaria nos dijo que es un perro que debe tener aproximadamente 8 años, que estaba muy bien de sus ojos, dientes, patas y demás, ósea que lo tenían muy bien cuidado. A su vez nos dejó en claro que lo que nosotros creíamos que era sarna en sus patas no lo era, sino eran las cicatrices de que había sido atropellado o arrollado días antes. Por último nos dio la sugerencia de que lo bañáramos con “salvo” para quitarle el aceite de coche que traía en la espalda.

El cacho y el taco tomando agua

El cacho y el taco tomando agua

Cuando se lo fui a presentar a una pareja de vecinos que tienen 3 labradores, paso algo muy raro. Uno de ellos al ver al Taco lo reconoció inmediatamente y me dijo “yo a ese wey ya lo conozco, ya hasta le he dado de comer; lo traía un muchacho que es vagabundo de esta zona amarrado con una agujeta, cuando vi al vagabundo con el perrito lo primero que pensé fue qué buena onda del chavo que adoptó al perro, entonces le regalé unas latas de comida para que lo alimentara”.  Al escuchar esto concluí que era un perro que de seguro se le escapó a sus dueños originales y entonces lo recogió el vagabundo, a quien muy probablemente se le perdió en la noche de navidad.

Así es como llegó el Taco a la casa como regalo de navidad haciéndome muy feliz. Saludos y seguimos en contacto.

Atte: El Cacho

Taco casero

Taco casero

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