Reflexionando en el vuelo México-Sao Paulo

Posted on 2 agosto, 2013

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La vida da muchos cambios, nos acerca y nos aleja de gente valiosa, nos da y nos quita objetos materiales, nos enfrenta a escenarios maravillosos y a otros bien deprimentes, pero como dice mi abuelo: así es la vida; llega un momento en que los jóvenes se tienen que marchar, trazar su vida y forjar su destino.
Despidiéndome del depa
Escribo este texto después de ver una linda película llamada Las Aventuras de Pi, a las 11 de la noche en el avión que me está trasladando a Sao Paulo, la ciudad donde estará mi nuevo hogar y en donde se reunirá mi familia después de un rato de estar separada.
El taco va abajo del avión con las maletas, no me dejaron llevarlo en la cabina conmigo. Aunque es un perrito que no pesa más de 4 kg, pudiéndose haber ido tranquilamente en mis piernas, la transportadora en la que viaja excede las dimensiones permitidas por la aerolínea, como para permitirle irse arriba conmigo.
Yo por mi lado estoy con el pendiente, recuerdo que antes de que se lo llevaran no dejaba de ladrar de angustia pidiéndome que lo sacara de esa jaula, tampoco paraba de rascar a causa de la desesperación de quererse salir. Naturalmente no sabe que es lo que está estaba pasando con él ni a donde está yendo, como recordarán es un perrito que encontré en la calle  y tiene un miedo terrible al abandono. Me urge aterrizar para poderlo sacar, escucharlo ladrar de emoción, verle sus ojitos negros e iluminados de agradecimiento, sus orejas paraditas y su colita moviéndose de alegría.
En cuanto a mi traigo un extraño dolor en el codo derecho que cada vez se pone más intenso. Así de la nada me empezó a doler ayer en la noche y ahorita ya no puedo ni estirar el brazo, no sé como le voy a hacer al rato con las maletas y el Taco, supongo que contrataré un maletero y tomaré un taxi que me lleve del Aeropuerto de Guairulos  hasta la Av. Jacutinga en Sao Paulo. Espero para mañana amanecer mucho mejor o de lo contrario buscaré urgentemente un doctor que me diagnostique y dé algo para el dolor.
Honestamente hasta hoy me cayó completamente el veinte del cambio que empiezo a enfrentar, y me refiero específicamente al hecho de mudarme de forma indefinida a Brasil, un país en el que viviré por los próximos años, que aunque no lo parezca es tan diferente a México y al resto de Latinoamérica; un país que no comparte conmigo el mismo idioma; en donde las personas se relacionan diferente y por lo tanto tienen una escala de valores también diferente.
En los últimos días pude despedirme de mucha gente y cerrar varios círculos, pero la despedida con mi abuelo en la tarde me hizo pedacitos el corazón, después de decirme que a lo mejor ya no lo volvería a ver, sacudiéndome el alma, me dijo cosas súper lindas, créanme que no me solté en llanto porque sabía que iba a ser un momento más difícil para ambos. Pero al terminar de darnos un muy cálido abrazo de despedida me dijo que si no quería llevarme unas monedas, apuntando a unos botes que estaban en el suelo que tenían adentro las monedas viejas con las que jugué tantos años de niño.
En ese momento empecé a revisarlas y se me vinieron a la cabeza una cantidad enorme de recuerdos y añoranzas, apareció la imagen de mi mismo pasando horas tirado en el suelo de la sala haciendo torrecitas de monedas, clasificándolas y observando a los héroes de independencia que tienen al reverso; recordé cuando lo acompañaba los martes al tianguis a chacharear y me compraba cuanta cosa vieja se me antojaba y también cuando me decía su “Tragón Número Uno” cada que compartíamos la mesa.
En fìn, podría contarles cientos de recuerdos y gratas experiencias al lado de mi abuelo, pero eso no es el objeto de este texto. Las palabras de mi abuelo estaban cargadas de razón. Muy probablemente ya no volveré a ver a muchas personas que han sido muy importantes en algún momento de mi vida; sabemos que entre más crecemos más difícil nos es coordinar nuestras agendas, de igual forma también es difícil descubrir que quien  importante de repente ya no lo es. Sin embargo, así es la vida.
Quizá el que era nuestro mejor amigo en la prepa ya no lo volvimos a ver cuando nos graduamos y de igual manera no supimos de nuestro gran compañero de trabajo cuando nos cambiamos de empresa. Pero reitero, así es la vida, entra y sale gente todo el tiempo en nuestras vidas, es entonces que no podemos engancharnos con recuerdos o con arrepentimientos de cosas que no hicimos, eso es algo que no tiene sentido.
Lo que pasó pasó, las risas, las bromas, las aventuras, las alegrías ya no volverán; preocupémonos por lo que vendrá y vivamos intensamente; derrochemos los placeres y abracemos a quienes tenemos al lado; de esta forma podemos volver la cabeza atrás y en automático llegará una sonrisa a nuestra cara.
Llenarse de arrepentimientos, remordimientos rencores, amarguras es de las formas más estúpidas de perder el tiempo. He escuchado varias veces decir a los ancianos que la vida es corta, sin duda tiene razón. Si uno no se pone abusado, las oportunidades y las cosas valiosas se nos van frente a nuestros propios ojos. Lo único inevitable en esta vida es la muerte y el tiempo es irreversible. Por lo tanto, aprovechemos lo que tenemos y a quien tenemos, dejando que lo demás fluya a su ritmo.
Somos aves pasajeras, de repente aparecemos en la vida de alguien más para llenarles de luz y de repente nos desaparecemos como estrellas fugaces. La vida nos pone retos y aventuras todo el tiempo, si no aprendemos a detectarlas y a aprovecharlas por engancharnos a algo o a alguien es muy probable que no lleguemos más allá de donde miran nuestros ojos. No cabe duda que entre más lejos apuntemos más lejos vamos a llegar, ésa es la principal razón por la que estoy trepado en este avión migrando al Nueva York del Hemisferio Sur.
Como siempre lo he dicho, “donde pongo el ojo pongo la bala”. Apunté para acá y ya en un amanecer estaré llegando. Quiero pensar que el confiar en mis talentos me abrirá las grandes puertas de Brasil, en caso de que no sea así, pues ya ni modo!!… La experiencia estará bien chingona; disfrutaré del mundial que algunos pronostican como el mejor de la historia; aprenderé un nuevo idioma; conoceré muchas personas, muchos lugares y una cultura bien diferente. Seguro que la pasaré a toda madre, porque ustedes ya saben que así soy yo, siempre busco divertirme en cada cosa que hago, si no, pues qué chiste entonces tiene la vida.
Ya dejo de escribir para no aburrirles con mis reflexiones de media noche. No dejen de leer este blog que por aquí les contaré como me está yendo en el País Tropical. Muchas gracias a quienes me dieron la oportunidad de despedirme en días anteriores, valoro mucho el tiempo que me compartieron y no perdamos el contacto. La comunicación hoy en día está más que facilitada por la tecnología; los canales de comunicación sobran: mail, FB, twitter, skype, el teléfono, whatsapp, sólo por nombrar algunos. No hay pretextos, no me extrañen y mejor manden una señal, me reportaré en seguida.
Saludos y los quiero mucho! Más a los que sí se despidieron de mi en persona, ahí se notó a quien verdaderamente le importo. Gracias por sus buenos deseos, los quiere:
El Cacho.
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